martes, 19 de abril de 2011

Clonación Animal

                     Isabel Castro, Vega García, Daniela Martín, Beatriz Hernández, Manuel L. González, Laura Tejerizo. 
1ºA Bachillerato

ARTÍCULO DE OPINIÓN: CLONACIÓN ANIMAL

 ¿Clonar un perro por nostalgia?, ¿jugar a ser dioses?, ¿convertir el avance científico en un beneficio económico? La ciencia ha progresado tan rápidamente en los últimos años que hoy en día poseemos las competencias necesarias para materializar al instante casi todo aquello que imaginamos. Nuestro afán por controlar lo que nos rodea nos ha llevado a ser incapaces de poner límites entre ética y ciencia.

La clonación animal, se ha convertido en una revolución desde que la oveja Dolly fuese el primer mamífero clonado. Este hecho supuso un verdadero boom tanto mediático como científico, convirtiendo la clonación animal en una mina de dinero. Por ello, actualmente es explotada de tal manera que la lógica de mercado, pensando solo en el beneficio económico, se impone sobre las mejoras en calidad de nuestra propia vida.

Lancelot, un perro clonado en quien sus dueños han gastado 120 mil euros, se ha convertido en uno de los caprichos satisfechos gracias al poder económico.
Lo que no podemos permitir es que la ciencia, cegada por el dinero, sea impulsada por una sociedad egoísta cuyo principal objetivo es la supremacía. ¿Qué conseguimos con ello? Desviar la mirada de los temas importantes que asolan el mundo como la muerte de millones de personas a causa del hambre, que viven en el umbral de la pobreza o padecen enfermedades mortales.
Por otra parte debemos ser realistas en este tema, no soñadores, y tener en mente que nunca se puede garantizar que el animal clonado vaya a desarrollar el mismo carácter que su predecesor pese a ser físicamente idénticos, pues la personalidad es algo que ser va formando a medida que crece y no depende sólo del material genético sino también de muchos otros factores. 
De seguir por este camino no controlaremos la ciencia si no que nos veremos perjudicados por nuestros propios actos, por nuestras ganas de crear a nuestro antojo sin control, sin medida... llegar al punto de “fabricar mascotas a la carta” es una burla a la vida y a su sentido.


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